¿Quién fue Jesús de Nazaret? - Parte 1
La primera tarea para intentar comprender quién fue el Jesús de carne y hueso, el Jesús histórico que sirvió de inspiración para su santificación, consiste en separarlo del Jesucristo de la Iglesia Católica Romana. Si bien esta es la institución y la jerarquía que se adscribe como representante de las enseñanzas de Jesús, la realidad es que los evangelios canónicos, es decir, los evangelios oficialmente reconocidos por la Iglesia cristiana (Mateo, Marcos, Lucas y Juan), no son una fuente confiable de acceso a la vida de Jesús de Nazareth.
En primer lugar porque fueron escritos entre 35-60 años después de la muerte del mismo por personas que no conocieron a Jesús. A su vez, estos evangelios presentan constantes contradicciones entre sí, lo cual resulta muy problemático. En segundo lugar, esta selección canónica deja afuera a otros evangelios que cuentan una versión bastante distinta de Jesús y sus enseñanzas. En tercer lugar, estos evangelios son documentos de fe cristiana, de religión, por lo cual no pueden ser tomados como fuentes fidedignas de historia.
Por ende, para acercarnos al Jesús de Nazaret humano, de carne y hueso, la persona histórica real que respiraba, comía y dormía como todxs nosotrxs, es necesario apoyarse sobre fuentes históricas externas a los documentos de fe cristiana. Sin embargo, aquí nos encontramos con un nuevo problema: contamos con muy poca información verídica sobre él. Actualmente, lxs historiadorxs tienen un consenso general de solamente cuatro hechos históricamente comprobados de Jesús:
- Nació el 4 AEC en Galilea, una ciudad costera y en el seno de una familia judía. Al ser una ciudad con puerto, Galilea era cosmopolita, por lo cual es muy probable que Jesús tuviera contacto con ideas y religiones extranjeras como el Hinduismo, el budismo, el taoísmo, el zoroastrismo y la filosofía griega.
- Fue alumno de Juan el Bautista: Este profeta era un judío de corte apocalíptico que profesaba la idea de que Dios llegaría para destruir el mal y establecer su reino. Como es sabido, Jesús fue bautizado por Juan en las aguas del río Jordán, a la vez que también fue su discípulo. Eventualmente, tras la muerte de Juan, Jesús desarrolló su propia interpretación y movimiento apocalíptico.
- Fue crucificado por los romanos: Jesús vivió durante la ocupación de los romanos al territorio de Galilea. Fue crucificado por ellos entre 30-33 EC bajo el gobierno de Poncio Pilato.
- Una vez asesinado, su hermano Santiago “El justo” continuó el movimiento: Su grupo se llamó “Los Ebionitas” o “Los pobres” y tenían una lectura diferente a la de Jesús. De hecho, casi se podría decir que Santiago fue más importante que Jesús, ya que, a diferencia de éste, lideró el movimiento durante 30 años, mientras que Jesús solo lo hizo por 3 años. Los romanos escribieron bastante sobre Santiago y casi nada sobre Jesús.
Los especialistas solamente están de acuerdo en esos cuatro datos históricos comprobados por fuentes externas a la institución religiosa cristiana. Ahora bien, si la mala noticia es que sabemos muy poco sobre el Jesús histórico, la buena noticia es que sabemos muchísimo sobre el mundo en el cual vivió, creció y fue asesinado.
Ese mundo fue el de la dominación del Imperio Romano con César Augusto como el emperador de casi toda Europa occidental, los Balcanes, Asia Menor, Siria, Egipto y el norte de África. Jesús de Nazaret nació en una Palestina judía que llevaba 64 años bajo el dominio sanguinario de las autoridades romanas. Este dominio imperial, como siempre, se desarrollaba con la complicidad de los jefes políticos-religiosos del pueblo judío.
En aquella época, a diferencia de nuestra modernidad fragmentada, el Templo religioso no se limitaba a ejercer de autoridad espiritual como podrían hacerlo el Papa del Vaticano o las Sinagogas Judías, sino que en aquella época, el Templo era el centro de la totalidad de la vida judía. Allí también se ejercía la ley social que estructuraba al pueblo, así como también el banco, el comercio, la política. La importancia del Templo como centro de poder se atestigua en el hecho de que Jesús es denunciado y entregado a las autoridades romanas luego de atacar y expulsar a los cambistas y mercaderes que estaban corrompiendo el espacio sagrado del Templo. Este hecho resulta clave en su posterior crucifixión.
En las sociedades patriarcales premodernas, las relaciones sociales se encontraban mediadas por un sistema de dominación fetichista de carácter religioso. Religión no en el sentido moderno que nosotros entendemos por religión como esfera separada, sino que la totalidad de la forma social de reproducción: economía, política, espiritualidad, educación, sexualidad, etc., estaban completamente embebidos y mediados por una matriz inconsciente y religiosa a priori que se personificaba en los distintos “agentes” (“máscaras de carácter” en Marx) de la sociedad. Las distintas autoridades religiosas del Templo, es decir los Saduceos, los Fariseos, los Sacerdotes, personificaban la “universalidad abstracta fetichista” de “Dios” y ejercían su poder como representantes de Dios en la Tierra.
Por su parte, el Imperio Romano, conocedor de los territorios que conquistaba, se aliaba a esta casta religiosa para ejercer juntas el dominio. Tan es así que, de hecho, el destacamento militar romano, la Fortaleza de Antioquia, construida por Herodes, se encontraba pegada al Templo. Desde el punto de vista de la población judía campesina, empobrecida y reprimida, no había mucha diferencia entre el templo judío y la dominación romana. No resulta extraño suponer que muchos creían ya que el Templo se encontraba corrompido.
Continuemos definiendo el contexto histórico en el cual nace Jesús. Galilea, su tierra natal, se encontraba desde hace más de un siglo en guerra, no solo con Roma, sino también con el Imperio Seleúcida de Antíoco IV Epífanes que en el año 164 AEC conquista Galilea, como está constatado en la obra La guerra de los judíos del historiador judeorromano Flavio Josefo. Jesús de Nazaret nace en un pueblo marcado por décadas de guerra e invasión de distintos imperios.
El pueblo judío siempre fue un problema para sus distintos invasores. Tanto el Imperio griego seleúcida como el romano tuvieron constantes guerras y revueltas contra ellos. Esto se debe a, mínimo, dos razones: la primera es que el pueblo judío es un pueblo de mucha fe y mucha resistencia. Dado que la religión judía tiene un único dios llamado Yahvé, consideran al resto de los dioses como falsos, por lo cual no se dejaban dominar por imperios con muchos dioses paganos. Este celo religioso, así como las constantes represiones que sufrieron a lo largo de su historia: esclavizados en Egipto, exiliados de Babilonia, conquistas imperiales y persecuciones, etc. volvía a este pueblo extremadamente resistente e ingobernable por los invasores extranjeros.
Es importante tener esto en claro: en la Palestina del Siglo I, era normal encontrar distintos “profetas”, “mesías” y “movimientos mesiánicos” agitando por el fin de los tiempos, por la caída de los invasores de la Tierra de Dios. Jesús no fue el primero ni el último de los profetas judíos que llamaban a rebelarse contra la opresión. Si bien el lenguaje religioso puede tornar rara la idea de guerrilleros campesinos en guerra contra el Imperio, eso es lo que realmente eran.
El lenguaje religioso en el cual se expresaban no tiene que ser tomado literalmente. Como dijimos más arriba, la conciencia inmediata de las personas en la premodernidad resultaba inseparable de la religión, por lo que estos distintos movimientos de liberación judía se expresaban en el lenguaje religioso y metafórico de su época y contexto. A diferencia de nuestro tecnicismo científico y descriptivo desprovisto de espiritualidad, las sociedades premodernas tenían un lenguaje más visual, metafórico, alegórico que a nosotrxs nos cuesta trabajo entender. Es por ello que los grandes textos espirituales como los vedas del hinduísmo, el tao te king, el Iching, los sutras budistas e incluso los evangelios cristianos, expresan y transmiten sus enseñanzas y conocimientos mediante parábolas, analogías y metáforas. Es más, en muchos casos, como el Corán o el Iching por ejemplo, el texto se encuentra redactado en forma de rima, rítmica y musical, buscando facilitar su memorización y divulgación.
Aquí no estoy tratando de argumentar, romantización mediante, que el lenguaje premoderno era mejor, ni peor. Simplemente se trata de ver y encontrar qué contenidos conceptuales de la premodernidad nos permiten, no solo conocer mejor a esas sociedades, sino conocernos mejor a nosotrxs mismos. Para ello, es necesario abandonar la arrogancia moderna de subestimar los conocimientos ancestrales.
Volviendo a la Palestina del siglo I, existen muchos registros de otros “mesías” que, al igual que Jesús, fueron crucificados por levantarse contra Roma. Estaba Ezequías, Simón de Perea, Judas el Galileo, Teudas, Athronges, Ha-Mitzri, Menahem ben Judah, Simón bar Kojba y más. Todos estos eran “bandoleros” o “guerrilleros”, campesinos empobrecidos que se unían en grupos y le declararon la guerra al invasor pagano. Con esto en mente, podemos situar a Jesús y ver que él fue uno más de la larga lista de judíos que se opusieron a la dominación romana.
Por ejemplo, existió un movimiento rebelde muy grande llamado “Los zelotes”, cuyo líder fue Judas “el Galileo”. Este movimiento promulgaba “La cuarta filosofía”: incitar al pueblo judío a rebelarse contra el Imperio Romano y expulsarlo de la Tierra de Israel por la fuerza de las armas. Probablemente, Jesus nació cuando este movimiento arrasaba el campo y ciudades, como la Capital Séfori, que fue tomada bajo su control. Una década después, Judas “el Galileo”, al igual que su antecesor Ezequías, sería capturado y asesinado por el ejército romano. Séfori, la ciudad rebelde, fue destruida hasta sus cimientos, los niños y las mujeres vendidas como esclavos. Más de dos mil rebeldes fueron crucificados. Jesús tendría diez años cuando eso sucedería.
Y aquí llegamos al otro dato importantísimo: la crucifixión. El Imperio Romano, uno de los leviatanes más sanguinarios y brutales que jamás haya existido sobre la Tierra, tenía un complejo y detallado código de leyes penales que aplicaba castigos específicos para distintos delitos. La crucifixión era un castigo brutal específicamente reservado para los delitos de “insurrección”, “sedición”, y “agitación”. El Estado Romano no crucificaba a cualquier persona, sino solamente a aquellas personas que se rebelaban contra el dominio y la ley romana. Este castigo estaba pensado para ser intencionalmente brutal porque buscaba aleccionar al pueblo judío. Las cruces eran colocadas en las principales puertas de las distintas ciudades para aleccionar. El espectáculo de cuerpos semimuertos a la intemperie y clavados en una cruz resultaba un efectivo recurso disuasivo.
Y dado que Jesús de Nazaret fue crucificado, podemos deducir que fue visto, por las autoridades romanas, como un rebelde peligroso que se oponía a su dominio. Desde una perspectiva histórica, no religiosa, Jesús fue uno más de los profetas en busca de la liberación de su pueblo. Su humanidad se puede comprobar en sus afirmaciones contradictorias.
La Iglesia, desde una perspectiva religiosa y divinizante de Jesús, ha destacado principalmente se aspecto pacifista y compasivo. Por ejemplo: "No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra" (Mateo 5:39), o "Si alguien te da una bofetada en una mejilla, ofrécele también la otra mejilla" (Lucas 6:29). Pero Jesús también tenía dichos y frases no muy pacifistas que digamos: “No penséis que he venido a traer paz a la tierra; no he venido a traer paz, sino espada” (Mateo 10:34) o también "Y el que no tenga espada, venda su capa y compre una" (Lucas 22:36).
Estas frases, evidencian, comonhemos argumentado, que Jesús profesa su mensaje en un contexto de guerra e invasión de su pueblo. Sin embargo, es importante recalcar lo siguiente: el movimiento revolucionario de Jesús, si bien llamaba a la rebeldía contra la ocupación romana, su mensaje no estaba enfocado en la lucha armada, sino más bien en la subversión espiritual, incluso podríamos decir en una crítica al fetichismo imperial romano.
Habiendo situado a Jesús en su contexto histórico real, pasaremos ahora a comentar y reflexionar un poco sobre el mensaje espiritual. Para ello, nos apoyaremos principalmente en los “evangelios apócrifos”, es decir, en los evangelios que no fueron incluidos en el canon oficial de la Iglesia Católica.
El mensaje de Jesús de Nazaret
Ahora bien, si en el contexto histórico en el que vivía Jesús de Nazaret era común que hubiesen distintos profetas y mesías con mensajes apocalípticos que eran crucificados, es válido preguntarse: ¿por qué es Jesús el que ha trascendido y no los otros? ¿Por qué Jesús fue tan importante, al punto de que su nacimiento marca el año 1 de la civilización occidental? Se me ocurren, al menos, dos respuestas a esa pregunta:
La primera, que no desarrollaremos en profundidad porque merece un texto aparte, es, obviamente, por la Iglesia Católica Romana. Es curioso que, como argumentamos más arriba, Jesús y el resto de los mesías, se oponían, principalmente, al Imperio Romano. Sin embargo, es la Iglesia Católica Romana la que se ha vuelto abanderada de Jesús, convirtiéndolo en el Hijo de Dios.
En el año 311 EC, el emperador Constantino, mediante el Edicto de Milán, también conocido como “La tolerancia del cristianismo”, legaliza y otorga libertad de culto a los distintos seguidores de Jesús, dando fin a las persecuciones. Catorce años después, el mismo emperador convocó al Concilio de Nicea, donde se determinaría el origen divino de Jesucristo como el Hijo de Dios, y se empezaría a definir el cánon oficial de los Evangelios.
Nacería el Cristianismo como institución, y el mensaje de Jesús pasaría de ser una denuncia espiritual de la violencia, la jerarquía y el dinero del monstruo romano, a ser una religión sin espíritu con jerarquías, dogmas, castigos, y riquezas, muchas riquezas. Es claramente observable cómo un mensaje de rebeldía contra el imperialismo brutalizante pasaría a ser un mensaje de sumisión compatible con el dominio imperial romano. Así, con el apoyo del Emperador y sus riquezas bañadas en sangre, la Iglesia Católica pasaría a profesar la religión de Jesucristo, el hombre/dios que se sacrificó en la cruz por nuestros pecados.
La historia de la cooptación del cristianismo primitivo por parte del Imperio Romano es un hecho fundamental que debe ser seriamente estudiado, evidenciando el funcionamiento del poder para continuar operando y destruir los movimientos transformadores. Cuando los Imperios no pueden destruir a sus enemigos, como vimos, lxs judixs no se rendían jamás a pesar de las constantes matanzas, lo más inteligente es neutralizar su mensaje por medio de la cooptación. El estudio de esas estrategias del poder puede ser muy fructífero para la Teoría Crítica.
Ahora bien, como mencionamos anteriormente, existen evangelios apócrifos que fueron desestimados por la Iglesia Católica oficial. Los mismos existen desde los siglos I y II pero, debido a la persecución que recibieron las distintas comunidades cristianas no alineadas con la Iglesia Católica, no se pudo acceder a ellos hasta entrada la época moderna. En 1945, por ejemplo, se descubrió en la aldea de Nag Hammadi, Egipto, una colección de textos del Gnosticismo Cristiano Primitivo que se encontraban escondidos y sellados en una gruta. Claramente, estaban escondidos para ser salvados de la quema llevada por la Iglesia Católica Romana.
En estos evangelios, como el Evangelio de Tomás, podemos encontrar otras perspectivas y enseñanzas de Jesús que lo retratan de una manera muy distinta a los evangelios oficiales. A su vez, es muy importante comprender lo siguiente: el cristianismo primitivo que siguió a la muerte de Jesús, no era un movimiento homogéneo y unificado, sino que consistía en distintas comunidades que interpretaron el mensaje de Jesús de formas diversas. Algunos de estas comunidades fueron los Gnósticos, los Marcionistas, el Montanismo, el Catarismo, el Arrianismo, el Docetismo, etc.. Como se puede observar, el movimiento cristiano era muy rico, en el sentido de que había distintas interpretaciones y corrientes filosófico-espirituales que debatían entre sí.
Y es contra estas comunidades, contra las que la Iglesia católica empieza a conspirar. Excomuniones, inquisiciones, persecución, todos los medios eran válidos para imponer una lectura unívoca, sumisa y represiva del Jesucristo Hijo de Dios. Todo el mundo conoce las famosas Cruzadas, campañas militares para recuperar la Tierra Santa del control musulman, pero lo que no mucha gente sabe, es que hubo una de esas, llamada la Cruzada Albigense, que estuvo destinada a aniquilar a las comunidades Cátaras del sur de Francia en el siglo XIII.

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